En una reunión de gabinete encabezada por la intendenta, funcionarios plantearon dificultades en la gestión y una ausencia de conducción clara. También crece la influencia de Alejandro Gandulfo en la toma de decisiones, lo que generó críticas internas.
La situación política en Quilmes volvió a quedar en el centro de la escena luego de una reunión clave del gabinete municipal encabezada por la intendenta Mayra Mendoza. Según trascendió, en el encuentro se manifestó preocupación por el ritmo de gestión y la falta de respuestas concretas en distintas áreas, lo que generó malestar interno y evidenció dificultades para estar a la altura de las demandas de los vecinos.
De acuerdo con fuentes consultadas, varios funcionarios plantearon problemas de coordinación y una notoria ausencia de una conducción clara, algo que impacta directamente en la ejecución de políticas públicas. En ese contexto, se habría solicitado mayor presencia en los barrios y un cambio urgente en la dinámica de trabajo, medidas que hasta ahora no se estarían implementando de manera efectiva.
Paralelamente, comenzó a tomar fuerza el rol de Alejandro Gandulfo, a quien se le atribuye una mayor incidencia en la toma de decisiones. Esta situación reflejaría una gestión que depende de figuras externas ante la falta de un liderazgo firme, lo que alimenta las críticas hacia la actual conducción. Los cuestionamientos apuntan a que el equipo no logra ordenarse ni dar señales claras de rumbo.
Mientras tanto, puertas adentro del municipio crece la preocupación. El pedido de los funcionarios es claro: redoblar esfuerzos y recuperar el control de una gestión que hoy muestra signos de desgaste y desorganización.