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Escandaloso encubrimiento del asesinato de Lucas. Policías al descubierto

Resulta indignante ir conociendo los detalles de lo que realmente sucedió aquel día 17 de noviembre de 2021, cuando agentes de la policía de la ciudad de Buenos Aires asesinaron a Lucas González, un joven vecino de 17 años de Florencio Varela del barrio San Eduardo, que jugaba en las reservas de Barracas central, pero mucho más indignante es percibir que ya no tenemos lugar para sentirnos sorprendidos, una vez más, al comprobar que aquellos que debieran protegernos son capaces también de actuar como las peores mafias y no sólo asesinar sino tomarse todos los recaudos para que ese asesinato quede impune. La declaración del principal Héctor Cuevas, en el juicio que se le sigue a los 14 imputados por el asesinato de Lucas González, está dejando al descubierto la red de mentiras y manipulación con que algunos agentes “de la ley” se convirtieron en verdugos.

Según Cuevas, el subcomisario Roberto Inca ordenó a Gabriel Isassi plantar una pistola de juguete en el auto de las víctimas con el objetivo de fabricar la versión de “enfrentamiento armado”. Una vez más aquellos que constituyen un engranaje en el objeto de preservar la justicia son capaces de la peor atrocidad. Esta revelación pone en evidencia, una vez más, un operativo de encubrimiento que buscaba distorsionar la realidad y desviar la atención de la verdad.

La valentía de Héctor Cuevas hizo que rompiera las reservas que lo mantenían en silencio y enfrentó las consecuencias, poniendo en peligro su propia vida y la de su familia. “Si yo decía esto antes me mataban a mí o a mi familia, porque está gente mata y miente como lo hicieron con Lucas”, expresó Cuevas en su declaración. Su coraje deja al descubierto la impunidad con la que algunos policías operan en nuestra sociedad.

El testimonio de Cuevas no sólo implica a Isassi, sino también a otros agentes involucrados en el encubrimiento, como el comisario Rodolfo Ozán y el oficial “cachorro” Torres. Estas revelaciones dan vuelta el caso hacia la dirección que suponía la sociedad y exigen que se investigue a fondo y se tomen medidas ejemplares contra los responsables. Si la justicia no prevalece y castiga con dureza a los asesinos que han abusado del poder que les confirió el Estado que, en definitiva, somos todos, habremos instalado un claro mensaje del “siga siga” y estas lacras seguirán pensando que la impunidad siempre será un camino posible.

El juicio por el crimen de Lucas González ha dado un giro inesperado y ha dejado al descubierto una realidad que perturba. Si se confirman estas acusaciones, sería una vergüenza para nuestra sociedad y una mancha más “de las tantas que ya lleva en su haber” para nuestro sistema de seguridad. Hoy más que nada se precisa una reforma profunda de esta fuerza que promueva la transparencia, la responsabilidad y la integridad que corresponde a servidores públicos.

No permitir que casos como este queden impunes. La memoria de Lucas González y de todas las víctimas, una larga lista, del abuso policial, merecen justicia.

Luis Demitre