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El Despertar del Fantasma: ¿Argentina al borde de un gobierno fascista?

Por Luis Demitre. 

El capital concentrado, ese que financia a los grupos hegemónicos de la comunicación, pretendió instalar distintos temas en debate hacia la derecha del arco ideológico como una forma de acotar cualquier esperanza en un modelo reditribucionista, sacándolo de agenda como un tema posible o realista. Encontraron para ello a un "idiota útil" como Javier Milei, un loco suelto dispuesto a hacer el trabajo sucio de instalar problematicas que, por más estrambóticas que sonaran, por obra y gracia de la "cadena nacional" con que contaban, iba a penetrar en la subjetividad popular. Total... ya iba a haber tiempo para "matarlo", no parecía dificil: un hombre que pide consejo a su perro muerto a traves de su hermana medium no plantearía dificultad alguna en ser demonizado, pero el monstruo se les fué de la mano.

Hoy los ahorristas liquidan bonos y los empresarios acciones y es que el programa que propone el personaje augura una gran conflictividad social, mal dato para un clima de negocios y, sobre todo, de ganancias.
Hasta los hombres dedicados a la actividad financiera, con casi nulo punto de contacto con las aspiraciones de las masas populares entraron en alarma, conocidas las críticas de los bancos internacionales y de un ex funcionario del Tesoro de EEUU a la dolarización que propone Milei, no quedan dudas de ello.

El reciente resultado de las primarias PASO en Argentina, donde el economista Javier Milei obtuvo una victoria inesperadamente contundente, ha dejado a muchos analistas políticos y ciudadanos en estado de asombro y reflexión y pone a la Argentina a las puertas de una opcion cuasi-fascista, pero, más allá de ser un mero triunfo ideológico, el voto a Milei debe interpretarse como una advertencia y un claro mensaje que resuena: la bronca, el hambre y el desencanto, han encontrado una nueva forma de manifestarse.

En el discurso posterior a la medianoche de las primarias, tanto Javier Milei (30,04%) como Sergio Massa (21,4%) se presentaron a sí mismos y a sus respectivas fuerzas políticas, La Libertad Avanza y Unión por la Patria, como los verdaderos oponentes en las próximas elecciones generales del 22 de octubre. En esta dinámica, Juntos por el Cambio, que incluyó a figuras como Horacio Rodríguez Larreta (11,3%) y Patricia Bullrich (17%), sufrió una derrota que cuestiona su posición en esta batalla. Cabe ahora esperar la irrupción del "voto util" que, desde las filas de votantes de Patricia Bullrich, se mudarán a las de Milei con el fin de "acabar" con el peronismo, odio sedimentado con años de demonización financiado por aquellos que no soportan contribuir a la redistribución de la riqueza.

Ahora cabe esperar que los grandes medios empiecen una campaña de desgaste sobre el monstruo que crearon. Hay que ver si queda tiempo, el agravante es que la economía no ayuda a, por lo menos, mostrar un hilo de esperanza. Se abre una carrera contra el tiempo para evitar en nuestro país la irrupción de un gobierno insensible y autoritario.

Pero la victoria de Milei, lejos de ser una simple cuestión numérica, es un reflejo del malestar social y económico que ha estado gestándose en Argentina. El país ha experimentado una crisis económica sostenida que ha afectado a amplios sectores de la población. Este voto no solo debe ser interpretado como un respaldo a sus propuestas económicas y políticas, sino como una expresión de frustración hacia los partidos tradicionales que no han logrado abordar eficazmente las necesidades de los ciudadanos.

La sorpresa generada por el auge de Milei revela una ceguera colectiva en la clase política, una incapacidad para reconocer y asumir las consecuencias de años de pobreza y deterioro en la vida cotidiana de millones de argentinos. Tanto el oficialismo como la oposición no han logrado captar las señales de un sector de la población que se siente ignorado por las élites políticas.

La popularidad de Milei no se limita a un grupo homogéneo de votantes. Ha conseguido atraer a jóvenes, trabajadores precarizados y ciudadanos que sienten que el sistema político actual no representa sus intereses. En un país donde la pobreza y la inflación han erosionado la calidad de vida de la gente, el mensaje de Milei de reducir la intervención estatal y promover políticas económicas liberales ha encontrado eco en aquellos que anhelan un cambio drástico aunque este cambio drástico pudiera significar su suicidio como clase social.

Este fenómeno refleja una crisis en el sistema de partidos políticos tradicionales y en la forma en que el Estado ha manejado las demandas de la sociedad. La emergencia de figuras como Milei señala la necesidad de una reevaluación profunda de la relación entre el Estado y la sociedad, y de la búsqueda de soluciones innovadoras para los problemas económicos y sociales que aquejan a Argentina.

El panorama político actual no puede ser simplificado en términos de horas de pantalla o presencia mediática. Milei ha demostrado que la autenticidad y la conexión con las preocupaciones reales de la ciudadanía pueden tener un impacto significativo en el ámbito político. Sin embargo, su ascenso también plantea interrogantes sobre la viabilidad de sus propuestas y su capacidad para abordar los desafíos complejos que enfrenta el país.

Argentina está en una encrucijada, y el ascenso de Milei es un llamado de atención para todos los actores políticos, principalmente los progresistas y democráticos. La elección de octubre definirá el rumbo que tomará el país y cómo se abordarán los problemas que han quedado sin resolver durante demasiado tiempo. El descontento y la frustración no pueden ser ignorados, pero la solución no radica únicamente en un cambio radical de dirección, y menos en la dirección de una extrema derecha que augura un período de profunda crisis, de conflicto y, si la historia argentina nos demuestra algo, de sangre.