Acoso callejero: la violencia vestida de piropo


El acoso callejero, es una forma de violencia contra las mujeres, quizás es la más naturalizada de todas, ya que muchos tienden a confundirla con los piropos y halagos.

Para clarificar esta situación hay que diferenciar una situación de otra, en el acoso callejero, no importa si las palabras utilizadas son “positivas” como por ejemplo adjetivos que denotan la belleza de la persona a la que van dirigidos, o “negativas”, como palabras o frases con connotación sexual. Esto hay que remarcarlo las veces que sea necesario, porque existe aún hoy, después de todos los debates que se han presentado en torno a este tema, la creencia de que si las palabras que se dicen no tienen carga sexual o no son “malas palabras”, eso está bien y quien las reciba no debería ofenderse, sino más bien sentirse halagada.

Partiendo de la base fundamental, en la que cada ser humano tiene derecho a sentirse como quiera o pueda frente a una situación y por eso mismo no todos reaccionamos de la misma manera. En la cuestión del acoso callejero, esto es más subjetivo todavía.

Hay mujeres a las que no les molesta, incluso celebran recibir comentarios de personas extrañas en la calle, y de hecho argumentan sentirse “bien” frente a esta situación, esto es real y existe. No es para extrañarse, es parte de la construcción social en la vivimos desde el momento en que nacemos y determina que por ser mujeres, ya tenemos un rol pre asignado en esta vida, uno de ellos, que estamos para ser el “objeto de deseo” de los hombres, por esa razón las mujeres somos un ESO, para simplificar: un culo, un par de tetas, unas lindas piernas, unos ojos que iluminan y bla bla bla. Más simple aún, un cúmulo de adjetivos que ponen e imponen otras personas.

¿Por qué esto es violencia? Porque desde el momento en que una mujer sale a la calle, o incluso en ámbitos privados, como en el trabajo, debe (si, debe), acostumbrarse, a recibir opiniones de otras personas, en su gran mayoría varones, sin su consentimiento.  Es el avasallamiento sobre una persona y su derecho a entre otras cosas, transitar libremente. Y ahí otra cuestión que une por igual en otras situaciones a hombres y mujeres, EL TAN RECLAMADO DERECHO A TRANSITAR LIBREMENTE.

Para ponerlo en otros términos, ¿cuantas veces nos quejamos frente a un corte de calle que nos impide transitar por donde queremos, cuando queremos y cómo queremos?, seguramente muchas veces por año, nos quejamos porque debido a los cortes tenemos que cambiar el recorrido, nos quejamos porque no podemos hacer nuestro camino habitual, nos quejamos porque es una relación de poder en la que el que corta la calle es quién decide si pasamos por ahí o no y nos vemos afectados por esa situación. Es una relación desigual, dónde otro se lleva puesto nuestro derecho. En el acoso callejero la situación en muy similar.

Mujeres que quieren transitar libremente, cuyo derecho a hacerlo se ve avasallado desde el momento en que otro ejerciendo un poder desigual, se cree con derecho a emitir una opinión sobre esa mujer, que ella no pidió, y quizás no quiere escuchar y que básicamente no tiene por qué recibir, porque tiene el mismo derecho que cualquier varón a circular libremente sin tener que estar cuidándose de los lugares por donde circula, o la ropa que lleva puesta, o incluso de si su propia naturaleza la hace atractiva para otra persona.

Es violencia que no se reconozca a las mujeres como sujetos de derecho, porque aunque el acoso se quiera vestir de “piropo” o de “algo lindo”, sigue siendo una situación desigual, donde las mujeres pasan a tener el mismo valor que cualquier objeto del mobiliario urbano, parece que decir: “qué lindo el obelisco” y “que lindos ojos que tenes”, no tiene nada de malo, porque detrás de esa frase quienes la pronuncian dicen no tener malas intenciones, pero ¿quién determina lo bueno o malo, lindo o feo de esa expresión?, justamente quién lo recibe.

Es un tipo de violencia de las menos reconocidas, la violencia simbólica, esa que coloca a las mujeres en el lugar de un objeto, que debe cumplir con las reglas sociales y culturales que impone la sociedad patriarcal en la que crecemos y nos formamos, creyendo que está bien poder opinar libremente sobre las mujeres, sus cuerpos, su vestimenta y sus acciones. Y no, no está bien. Desterrar estas ideas es una tarea complicada, pero no imposible. Son siglos de creencias impuestas en las que siempre en la relación de poder que rige la sociedad, las mujeres somos un ESO que debe “ganarse un lugar o el respeto”, y no, el lugar y el respeto es algo natural que traemos desde que nacemos. Le pese a quién le pese, #NIUNAMENOS también significa, ni una mujer más acosada en la calle, ni una mujer más expuesta a comentarios machistas y miradas lascivas, tenemos derechos y vamos por ellos.

Estadísticas

Un informe realizado por la Defensoría del pueblo de la provincia de Buenos Aires, el año pasado, demuestra que 8 de cada 10 mujeres fue víctima de acoso callejero, aunque en el 97% de los casos no se realizó la denuncia.

Las formas de acoso, van desde frases con connotación sexual, miradas, silbidos, roces e incluso tocamientos, tanto en la vía pública como así también se dieron casos en el transporte público, algunos incluso se han viralizado en las redes sociales.

El 74% de las víctimas aseguro que el acoso fue por parte de desconocidos.

En Capital Federal, se aprobó una norma que sanciona a quienes ejercen este tipo de violencia, mientras que en la provincia de Buenos Aires se analiza agregar una medida similar al código de faltas.