¿Aborto legal o clandestino?


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(Lilén Mercado)

Mañana será un día decisivo en el Senado, se vota el proyecto de Ley de interrupción voluntaria del embarazo, que obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados el mes pasado.
A pesar que las cuentas dan 37 votos en contra de la IVE, la discusión no debe correrse del eje: no es aborto si o aborto no, la discusión real es legal o clandestino.
La práctica del aborto siempre existió, es innegable. Aunque muchos pretendan decir que es un tema de moda, eso no es cierto. 
En la clandestinidad miles de personas gestantes se realizaron y realizan abortos. En condiciones de pésima salubridad, de forma insegura, con prácticas muy alejadas de las recomendadas por la Organización Mundial de la Salud. 
En casas de "parteras", en consultorios ilegales de medicos y enfermeras, en la curandera del barrio, y con metodos ya conocidos por todos: con sondas, inyecciones, perchas, te de yuyos, perejil, agujas de tejer, perchas, pinzas o pastillas. Todos sabemos como se practican los abortos, ¿por qué? Porque existe. Porque sabemos que pasa, porque en la familia alguien lo hizo, o una vecina o la amiga de una amiga, pero de eso no hablamos, o si, para condenarla, juzgarla o ponerla de mal ejemplo. 
Entonces, ¿si la ley no se aprueba el aborto deja de existir? La respuesta claramente es NO. Sólo seguirá siendo clandestino, y como ya quedó demostrado la clandestinidad sólo trae muerte y un negocio muy lucrativo para aquellos que cobran por lo que el Estado debería proveer de forma gratuita. 
¿Si la ley no se aprueba "salvamos las 2 vidas"? NO. Por la misma razón que se expone en el párrafo anterior. Aquellas personas que tomaron la decisión van a hacerlo igual. 

Frente a los argumentos de quienes dicen querer salvar dos vidas, se plantan los datos reales que indican que a fines de 2017 se estimaba que había 800 niños de 0 a 18 años en estado de adoptabilidad, pero el 90% de los aspirantes está inscripto para niños de hasta un año, así lo aseguró Graciela Fescina, directora nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con fines adoptivos. En este sentido también es necesario remarcar que existen más de 150 niños menores de 18 años que esperan ser adoptados. Hay muchas vidas salvar, que están, que esperan, fuera del útero.
Para los que argumentan que el aborto es una forma de descartar "bebés", la respuesta es contundente: hay niños que ya nacieron y esperan ser adoptados y son descartados por ser mayores de 6 años, tener alguna discapacidad o por qué son grupos de hermanos. La idealización de los hijos y la maternidad nubla el panorama de los niños que frente al inevitable paso del tiempo dejan de ser una "opción" y pasan a ser un legajo. 
Lo mismo ocurre los que comparan el aborto con la fertilización asistida: en el país hay entre 10.000 y 20.000 embriones congelados o vitrificados producto de las fertilizaciones asistidas exitosas que nadie reclama, entonces ¿debería estar prohibida también está práctica? ¿las dueñas de esos embriones deberían ser obligadas a gestarlos y parirlos? La realidad una vez más es la misma: NO, porque no se puede obligar a las personas a hacerlo. 
Todo parte de lo mismo: el deseo de maternidad. 
La maternidad no es una obligación, es un deseo. Nadie puede obligar a nadie a tener un hijo que no quiere. No somos dueños de cuerpos, vidas ni decisiones ajenas, por está razón el acceso a la práctica del aborto legal, seguro y gratuito garantiza que las personas con capacidad gestante que NO desean continuar con un embarazo puedan hacerlo sin poner en riesgo sus vidas. 
El aborto legal, seguro y gratuito, no es un asesinato, ni un holocausto silencioso. Es un derecho. 
Es la posiblidad de poder ELEGIR. Es dejar de morir en el abandono. 
El aborto clandestino es quedar marginado frente a la certera posiblidad de no salir con vida de esa experiencia. Es negar la realidad y perseguir a quienes quieren ejercer la soberanía de sus cuerpos. Es continuar con un negocio millonario y condenar a miles de personas con capacidad gestante a actuar como pueden y no como quieren.